He, yo.

He dejado el silencio para cuando las cosquillas no sepan a ruido.
He comenzado a darle sutura a todos los cortes que me sangran.
He dejado el silencio para cuando nos rompan los besos la espalda.

He pensado que la ausencia de tu voz es como un oasis para mi dolor,
y ha llegado la cura que anestesia, que seca, que para, paraliza mi lágrima, tu lágrima;
la tuya, la que lleva tu nombre pero brota sin letras, la que no te recuerda en un cuerpo, la que si pasa de la mejilla quema al rozar el pecho.

He sido un abrupto pozo seco, sin vida y ahora todo lo que traigo son manantiales, selvas en los ojos con vida tropical en las pestañas. Zumo de papaya en el roce de mis labios, vida entre el desierto que han poblado las noches conmigo misma. Traigo sudor y azúcar en el pelo, limón en entre tu lengua y mis pechos, soy ventisca en el cañón que se forma cuando despega tu cuerpo del mío.

Traigo vida, quemo y hago fuego, soy pirita de tu cuerpo.

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LO QUE FUI…

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Brotó el cariño que hoy te tengo, del abrigo que el dolor le hizo a mi cuerpo. No pedí piedad, llamé a cualquier huracán de este planeta esperando un socorro inmediato para arrasar con todo, conmigo dentro.

Fui la hucha donde guardas la moneda que no gastas por miedo a quedarte arruinado y sin besos. Fui la mentira que no le contaste a nadie, o la verdad que nunca fue sincera. Fui la sombra que hizo sombra al león que se hizo camaleón en mí, y sonó al poema que nunca seremos.

Cerré la puerta al futuro con el pellizco que aparcó en mi nudo de lágrimas, se borró mi pasado y dudé si darle cobertura a mi presente. No vino ningún corresponsal de guerra a informar de mi estado de alerta, ni te destinaron a mi tercermundo, al subdesarrollo del que viví por meses.

Fui el verso que no encaja pero te encanta, la palabra rota en una estrofa, los nudos de las corbatas que nunca serán mías. Fui todo lo que nunca quise ser, y acabé por ser lo que siempre tuve claro que sería.

-YO-

El querer que no se cuenta…

Quiero que me dejes respirar, saber como es el estar sin pensar, el pensar sin saber como será.

Quiero revolverme por dentro y no encontrar un pensamiento que no me afile el cuchillo, saber que quiero seguir queriendo, que lo que se apaga se aviva con el aire de tu boca, con el soplo de la llamada de auxilio.

Quiero que mi madre venga, que me arrope y suene a nana, que nadie meza mi cuna sin sus pechos descubiertos, ser de ella y no de otro. Que la oreja que me acune le pertenezca y me la alquile sin fianza.

Quiero no sentir cuando duele, saber que sin el miedo esto no muerde, que no hay pellizco si no llega. Que los golpes no duelen a expensas del que aprieta el puño y al cerrar los ojos esto no será un nudo, sino un barco velero que navega entre los miedos que son de otros y yo los pido, los regalo a quien se quiebre una pata por mi espanto, al que aullando mis males lama mis heridas sin saber su procedencia.

Quiero que no preguntes, que derroches y no seas fantoche, que no asustes con tus vaciles y acaricies mis heridas siendo solo cicatrices, que no escueza la baba que argumenta mis caricias y se temple el calor que odia mi odio por dentro, el que mata si lo dejan, el que aprieta si le dan rienda.

Quiero que sepas que no quiero morirme si te matas, que matarme contigo es un testamento que aún no he escrito, que le falta la firma y el subjuntivo, el apelativo de tu nombre y hasta el falso juramento. Que no se apagan los días por ser más invierno y las noches no se ahogan si son de chupitos de tequila, que la vida pasa a prisa y yo me pongo lenta, que no existe una novena sin el décimo para rematarla, que las vírgenes no son de hoy, tal vez de mañana. Y no digo que no exista, ni dios ni padrenuestro, yo le rezo a mis bostezos y me quejo de mis penas, por si al final del día termina por terminar el olvido y acaba matando la pena.

Que yo, quiero querer no quererme, maltratarme los lamentos y apagarme a fuego lento o cruzado con tus besos, pero irme sin nada, con la calma del que asume que le toca, callar por no hablar del tiempo.

En calidad de difunto

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Diseño e ilustración: Ana Gómez López

 

He intuido que en el eco muerto de tu voz está la paciencia lenta que no me dedico desde que esa sombra dejó de perseguirme para huir de lo que era.

He sospechado que en el mordaz desplome de mis besos queman cobrizos tus cabellos las noches que se afanan en permanecer diurnas en tus ojos.

He sobreentendido que la calidad con que se funde el viento con tus hojas es de igual categoría que la forma en que yo rozo los coletazos de esa nota de melancolía.

He obviado cualquier forma de entender y comprender porque despierto cada día apagando mis pupilas cada noche si al final sigo viendo lo mismo, oasis de ti.

Y la forma en que me pierdo por debajo del silencio entre gritos de la gente, es lineal sin sentido alguno, sin dirección estimada. Sólo existe porque yo le presto mi latido para que no me den por muerto.