Insomnio

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El insomnio que persiste en mis pupilas son las lunas que le roban verdades a mis sueños. Lo que oculto tras tu tercio de cerveza se convierte en pataleo.

Insomnio es que yo me empeñe en dormir cuando sólo quiero hacerlo contigo, cuando las noches son de nanas mecidas al viento de tu huida. Al costillar vacío del poco acierto con que me ciego al querer que quieras querer conmigo.

Insomnio son los duros que se venden por pesetas, las puntadas sin hilo que bordan los pliegues de una falda prestada y el pie torcido con que apunto mis pisadas, erróneas, equivocadas.

A derechas me confundes, pero a izquierdas yo me pierdo. No hacen falta las madejas, yo me hago telarañas con la lana de tus dedos y perdono lo que sea si se cose con la aguja de tus besos en el seno de mi sexo. De esas manos que derraman fuego en algún volcán de lo que es isla de un corazón que galopa, que relincha y destroza las palabras apuntando verborrea. Que vomita ganas sin terminar su tarea.

Insomnio es lanzar una moneda al aire con dos caras y perder la apuesta. Vaciar el colchón de temporada y dibujar un olor en la almohada que sostiene temblorosa las caricias que palpitan a tu espera. Al incondicional rugir de alguna fiera.

Es correr hacía el agua, saltar al vacío y que debajo, sólo haya agua. Y que después de todo, no haya otro lugar con más sentido que las mareas que me abrigan este frío.

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En calidad de difunto

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Diseño e ilustración: Ana Gómez López

 

He intuido que en el eco muerto de tu voz está la paciencia lenta que no me dedico desde que esa sombra dejó de perseguirme para huir de lo que era.

He sospechado que en el mordaz desplome de mis besos queman cobrizos tus cabellos las noches que se afanan en permanecer diurnas en tus ojos.

He sobreentendido que la calidad con que se funde el viento con tus hojas es de igual categoría que la forma en que yo rozo los coletazos de esa nota de melancolía.

He obviado cualquier forma de entender y comprender porque despierto cada día apagando mis pupilas cada noche si al final sigo viendo lo mismo, oasis de ti.

Y la forma en que me pierdo por debajo del silencio entre gritos de la gente, es lineal sin sentido alguno, sin dirección estimada. Sólo existe porque yo le presto mi latido para que no me den por muerto.