En calidad de difunto

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Diseño e ilustración: Ana Gómez López

 

He intuido que en el eco muerto de tu voz está la paciencia lenta que no me dedico desde que esa sombra dejó de perseguirme para huir de lo que era.

He sospechado que en el mordaz desplome de mis besos queman cobrizos tus cabellos las noches que se afanan en permanecer diurnas en tus ojos.

He sobreentendido que la calidad con que se funde el viento con tus hojas es de igual categoría que la forma en que yo rozo los coletazos de esa nota de melancolía.

He obviado cualquier forma de entender y comprender porque despierto cada día apagando mis pupilas cada noche si al final sigo viendo lo mismo, oasis de ti.

Y la forma en que me pierdo por debajo del silencio entre gritos de la gente, es lineal sin sentido alguno, sin dirección estimada. Sólo existe porque yo le presto mi latido para que no me den por muerto.

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Ella

Anoche, ella lloraba,
anoche, yo la miraba,
su alma libre meditaba:
si morir en vida o vivir en muerte.
si los vivos son los muertos que deciden no morir
o los muertos son los vivos que deciden no vivir.

Anoche, ella impasible. Desconsolada.
Coaccionada por una soledad inapelable.
Sentía el juicio en su garganta,
la sentencia final del perjuicio,
la súplica por una paz sin guerra.

Anoche, las lágrimas le mordían el labio.
Anoche, las mías me hundían el estómago.
Intentaba, no decirle lo que era,
transmitirle lo que fuera.

La conciencia apelaba,
la impaciencia maltrataba.

Ella siente frágil,
pero lucha fuerte,
cree que muere, se mantiene.

Hoy, la miraba en el espejo,
era yo sin mí, era ella sin nadie.
Quería dejar de ser, para olvidar cuanto duele.
La vida duele,
el tiempo hiere,
el silencio muele.

Entre tanto, ella llora,
y yo la quiero.
Si se muere,
Si decide no quedarse,
¿Qué hago yo sin mi reflejo?

Doble o nada

Para que esta noche tu cuerpo no se halle solo,

le daré camino para andar pisando mis huellas.

Sin que sea un cuerpo helado a la deriva,

soplaré calor a tus goteras, sin que inunden las semillas.

 

Para que este río no desborde tus sudores,

abanicaré las cuatro esquinas de tu cuarto,

sin torcer el ángulo recto que te sostiene,

y con desmesura te acariciaré sin rozarte,

porque el vello eriza las emociones,

donde el corazón sangra pasiones.

 

Para que hoy no te quede duda de donde estoy,

subiré un peldaño tu escalera, y bajaré dos la mía,

por si presurosa te quedas sin fuerzas, y llegar sólo sea una amnistía.

Una tregua fulminante que no quiebra la paredes,

Sino reviste aquellos muros que caídos perecían.

 

Y entre caída y caída, me sentaré a tu lado,

beberé tus lágrimas, sudaré tu pena,

derramaré tu aliento, acogeré tu rabia,

pero nunca te obligaré a nada,

mi brazo no estará para levantarte,

sino para apoyarte cuando quieras hacerlo.

 

…Para que sientas que yo siento lo que tu sientes