Banderas blancas…

Hoy toca romperte las costillas contra la rabia, quebrar cada vértebra por delirio, respirar toxinas del pasado, cubrirte el cabello con miel y ser carne de abeja obrera dando muerte a su reina.

Hoy toca tocar el fondo, salir subida a tu lomo, sentirme dragón y sirena, un monstruo de dos cabezas: la que implora y la que fustiga. Ser inquisición en tus uñas y morderlas todas, hasta que te sangren los atardeceres. Martillear tu piel y hacerle yaga para que puedan meter el dedo, rozar y rozar lunares desgastando su historia, que reconstruyas y fluyas.

Hoy toca yodo en la herida, abrirte la espalda con una palabra cuchillo y cerrarla con el hilo de algún nombre, soplar mareas de dolor, recorrer con saliva de madre cada corte, cada puñalada.

Hoy toca fundir las lanzas, clavar banderas blancas y hacer hogueras con todas las palabras y todas las letras que escriben pasado a su paso.

Hoy te toca a ti hacerme cristal, erosionarme con tu cuerpo la piel y abrazar todos los exilios que mis pestañas vivieron al cerrar con lágrimas los bares.

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Alergias…

Con el código de tu piel,
escribí un poema en braille
y lo tatué en mi nuca para que al tocarlo,
vinieses a mí en forma de letra.

Con el morse de tus ojos,
hice un abanico de lunares,
y lo guardé para los días de calor sin ti.

Con todas las palabras bonitas,
compré un jarrón y lo llené de flores,
y al estornudar recordé que hay alergias que no se curan.