Días de turbulencias

Es como volver a empezar de cero, algún tango que se quedó a medias.
A veces, no sabes que viene después y sin querer te dejas llevar, y llegas.
Y a mitad de ese tango que se bailó solo, decides dejar de bailar porque ya no existen más pasos.

Es aprender de nuevo, algo así como inventar un baile, sin nombre, sin raza, sin destino y querer llegar al momento “seremos el centro de la pista de baile” y se alzarán las miradas y dirán, “llegaron, sin saber cómo, llegaron”.

Es saber que no existirá jamás la coordinación suficiente para llegar a un consenso entre tus pies y tus brazos. Pero hay bailes, que no dependen de la técnica, sino del consentimiento que se den dos cuerpos.

IMG_6527

Un tango…

Y es, así, como una pincelada sobre una pared blanca, la nota de color, las ganas de liarla parda, el olor a café en lo que fueron mañanas, las noches de rubias en los balcones, las olas de mar sin costa, los puertos de sal sin barcos, el fuego de ayer sin cigarro, la humedad de tus ojos sin lágrimas, el frío de unas manos sin cuerpo, las curvas al azar sin carreteras, las hojas en blanco sin poesías, o el tenue susurro de tus intenciones a medias, entre canciones al oído de quien ahora es sorda, muda y ciega.

Y es que, el tiempo, la soledad, y el resto de cosas que sin pensar pensamos, son así. Eternos puntos inconexos, eternos conflictos de sentimientos, eternos en la eternidad de lo indefinido.

IMG_6526

La eternidad de lo indefinido

Anuncios

Don

Don,
de nadie,
mío eres.

Don,
psicópata de mis noches,
mío eres.

Don,
de mi mente brotas,
de mis manos desembocas,
mío eres.

Don,
de nada,
no me sirves hoy,
no me sirves mañana.

Don,
extraña al sujeto,
así me haces.
No me ates.

Don,
perdido entre letras,
subes, bajas, me retas.

Don,
yo no te quiero,
vete.

Don,
si te has ido.
Vuelve.

 

 

Agamémnôn

Crepitas sobre el mundo, suavizando los bostezos del derrumbe.

El aire que se ancla en tu pecho, hace bombas nucleares enredadas entre versos.
Que derrapan por tus venas, bombeando hipérboles.

Sacan sudor al espanto, derrumbando a medianoche hojas en forma de llanto.
Hojas de un mundo amarillo, terco en el intento de subir del foso de tu rutina,
la ruina con la que nos muelen, el alma por una causa, la vida por unas leyes.

Todos orquestan su canto, nadie parece escucharlo, rugen tullidos sin descanso.
Graman migas de un pan, que ni da hambre ni quita sed.
Y terminan por sostener barricadas que hacen más fuertes.

El viento que mueve tu pelo, llora a destiempo su celo,
no halla consuelo en el muro que sin lamentos decae piedra a piedra,
palmo a palmo, así se va diluyendo.
Va rotando los intentos de seguir erguido y fuerte.

Y no sabe el mundo, que mayo vino con ellos y junio murió sin nosotros.
Sangran sudor y no ceden.

Hoy que lo llamamos progreso,
cabalgamos retroceso.