Ira…

Ira,
de ti, de todo.
De sentir, de nada.
De caer, sin manos.
De andar, sin rumbo.
De vagar, sin norte.

Ira,
rabia descalza sin palabras,
furia internalizada sin expresión,
fuego de un montón de mentiras,
amor sin odio pero vacío.

Ira,
Invención humana para definir un corazón roto.
Tristeza transformada en fuerza para dar otro paso.
Rotura de la arteria que circula hueca de tu boca a la mía.
Dolencia cardiaca con cura localizada, antídoto en experimento.

Ira,
Sentimiento ubicado en el epicentro del huracán de la memoria.
Se nutre del recuerdo, crece con cada memoria en blanco y negro.
Apariencia de una lágrima disecada, puede convertirse en piedra.
Hielo que al ser tocado por otro corazón puede derretirse de inmediato.

Ira,
Ficción para ser fuerte cuando no se tiene la valentía suficiente.
Mentira indiferente marcando distancia donde hay milímetros.

Ira, significación de algún amor, sin números, sin letras, de estos amores de postales, de esos amores de portales, de esos que mueren a besos, de esos que sólo dejan excesos.

Y a la ira que me diste, le dejo el amor que yo le puse.

NOTA: Mi padre me dijo que el odio (yo lo llamo ira, me gusta más) había que transformarlo en algo, dejarlo dentro de uno mismo no sirve de nada. Creo que transformarlo en poesía es lo mejor que lo puedo hacer, pero él y mi madre, lo supieron hacer incluso mejor que yo, y lo transformaron en AMOR. Gracias por los sabios consejos.

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La breve historia de un suspiro

 

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  • ¿Qué es un suspiro? –

Habrá que descifrar este misterio. Los suspiros son variados, unos caen del último roto que la piedra hizo al golpear el cristal de un corazón, otros de alguna extraña sensación de vacío que se quedó perdida entre el hueco de un pulmón y una costilla, algunos hasta vienen de la falta de algo nuevo en los adentros, o del simple tintineo de una nota melancólica que se asoma a tu garganta… No se sabe muy bien porqué nacieron los suspiros, pero al salir alivian un poco esa perdida de directrices que sentimos.

Cuentan que en Venecia hay un puente, de ese puente cuelgan mil millones de suspiros enredados entre fotos de turistas que ilusionados creen que los suspiros eran de amor, y ni mucho menos. Todos y cada uno de sus suspiros son de anhelo a esta vida, de saber que ya se pierde y derramas en modo de súplica un último reclamo de piedad, por si alguien se estremece y decide perdonarte. Al final no lo vemos, pero entre lo que unos pensaron y la realidad existe una relación de sentido proporcional. Todos esos suspiros aliviaron al menos un corazón, roto, lloroso, amparado en su súplica, le quitó un peso. Al menos en esta vida, ¿te imaginas qué no te dejan suspirar nunca más? Sería como un estornudo congelado en tu interior, que jamás sale, pero… ¡dios, cómo jode!

Tu suspiro es la diferencia entre lo que piensas, lo que callas y lo que finalmente compartes con el resto. La mayoría de las veces nada tiene que ver con la realidad, el escondite perfecto para el millón de excusas que serían verborrea si no fuera por ese pellizco que te hace no decirlo y suspirarlo. Es obligación callar lo que no mejorará la realidad, pura sabiduría casual de nuestro cuerpo, así como casi natural. Sale, se expulsa y… ¡Ala, ahí queda dicho todo, en un divino y profundo suspiro!

A mí los suspiros me parecen algo bello, tierno, interno, doloroso en ocasiones, bandido en otras, delicado en sus mil formas, supeditado a la máxima expresión de cariño por alguien, entrañable cuando menos te lo esperas, suspicaz al rozarte el lóbulo de la oreja y volar rumbo al cielo en tu cerebro. A mí, a mí me parecen de todo menos materiales, intangibles. Tal vez por eso su valor sea gigante y brille en una cantidad inexacta de posibilidades. Porque un suspiro es gigante en su pequeñez, en su minúscula casualidad está su mayúscula significación. ¡Porque los suspiros molan, y uno mola más con suspiros, propios o ajenos! ¡Los suspiros son la caña! Y sentirlos, sentirlos es otra cosa, otro nivel, otro mundo. Todo es superior a lo anterior, si sientes un suspiro has tocado un sentimiento. ¡Un sentimiento! ¿Sabes lo qué es eso? Los sentimientos son diferenciales en cada persona, nadie puede tener un sentimiento repetido, no es como ponerte el mismo jersey que lleva la de al lado, ¡no!, es imposible sentir por alguien y que alguien sienta por ti. Y te dirán mil veces, ¡créeme, sé de lo que me hablas!… ¡Pues no! Afortunadamente no lo sabes, ni lo sabrás, porque lo que tú sientes y lo que yo siento son como los suspiros, personales, transferibles en ocasiones, pero nunca tienen otra posesión que la propia. Jamás nadie sentirá lo que tú sientes, ni suspirará lo que tú suspiras. Y vaya alivio, porque imagínate tener que compartir suspiros, sentimientos, lágrimas, felicidad,… no no, quita, ya es demasiado conservarlos como para regalar la mitad de lo poco que te llega.

Eso es un pensamiento egoísta, pero imagina por un segundo que compartes lo que sientes y suspiras y el lugar de dividirlo, lo multiplicas por infinitos suspiros cargados de infinidad de sentimientos. ¿Qué te parecería eso? La sola idea ya acojona, pero el reto, el reto te empuja a vivirlo. Pues eso, es la vida, suspiros.

 

Vanitas

Me gusta ser el molino que mueve tu semilla de trigo con el sudor de mi frente. Ser la duda y el hastío, la columna que sin vertebras sostiene la cadena de motores. Ser el viento que te frena volteándote hacía dentro. Y debatir si ahora tú o después yo.

Me gusta olerte a trigo y saberte a miel, no morderte con reproche y quererte con antojo. Ser la piedra que no calza tu zapato, y el vaivén de tus caderas dando forma a este plato. Ser la cuba y la polea que abarrotan tus encantos. Y no saber si ahora o nunca.

Me gusta mover el viento que se cuela transeúnte por tu pelo, y acaricia de puntillas tus rodillas que se fijan en mi punto más exacto para luego magullarse con mi cuerpo. Ser la antítesis del ayer y lo contrario del mañana. Ser tu sobre y tu paloma mensajera sin guardar un letra que derrame tu sesera. Ser el rostro y la conciencia, y la pena más rastrera.

Ser tu puta y tu candela, ser el ciego sin pupilas y el bostezo de tu lágrima caída. Ser la madre que no tuve y el poder de quién la tiene. Ser lo tuyo o lo de nadie, pero ser ramera sin ser sucia y cabalgar por tus insomnios haciendo guerras con aviones que raseen tu almohada.

Ser, la droga que te falte y el camello que la lleve, y no darle nada a cambio de un mordisco por el opio.

Me gusta trenzarme el pelo. Y si trepas yo te enseño a que saben las cosquillas que se suben a tu espalda al compás de alguna copla que no suena, sólo lame las heridas que esa rubia te ha dejado y parece de mentira que no sea de verdad. Si a esquinazos la maldices y condenas sus caricias, que vendadas te han dejado hasta el dedo de sus labios.

Retraronegro

 

Diseño e ilustración por Ana Gómez López