Pido

Tregua para todos, tiempo y silencio,
muescas en una madera que sigue a flote,
angular de un ojo de pez ciego,
muerte de una etapa para continuar con vida.

El acuerdo sin firmar que sellaron los dedos,
que rotos por empujar aprendieron a sostener,
a recorrer el agua sin retorcerse de frío.

Pactamos en línea recta una separación de bienes indirecta,
una partición casi perfecta de nosotros mismos,
la ruptura de lo indivisible con el tiempo,
la división infinita de la materia que fuimos.

Tregua para acallar los gritos que van por dentro,
para mutilar el cansancio y agotar las ganas,
por seguir adelante, por luchar con las garras,
por morder más pieles que las nuestras,
por quemar más lugares que hogueras,
por ser infinitos en el olor de otras camas,
por llenar el hueco de alguna almohada,
por cubrir de lunares otras espaldas.

Tregua, para llamar a las cosas por su nombre.

Anuncios

Banderas blancas…

Hoy toca romperte las costillas contra la rabia, quebrar cada vértebra por delirio, respirar toxinas del pasado, cubrirte el cabello con miel y ser carne de abeja obrera dando muerte a su reina.

Hoy toca tocar el fondo, salir subida a tu lomo, sentirme dragón y sirena, un monstruo de dos cabezas: la que implora y la que fustiga. Ser inquisición en tus uñas y morderlas todas, hasta que te sangren los atardeceres. Martillear tu piel y hacerle yaga para que puedan meter el dedo, rozar y rozar lunares desgastando su historia, que reconstruyas y fluyas.

Hoy toca yodo en la herida, abrirte la espalda con una palabra cuchillo y cerrarla con el hilo de algún nombre, soplar mareas de dolor, recorrer con saliva de madre cada corte, cada puñalada.

Hoy toca fundir las lanzas, clavar banderas blancas y hacer hogueras con todas las palabras y todas las letras que escriben pasado a su paso.

Hoy te toca a ti hacerme cristal, erosionarme con tu cuerpo la piel y abrazar todos los exilios que mis pestañas vivieron al cerrar con lágrimas los bares.

En calidad de difunto

1397294_999040236778732_1380026588000291172_o

Diseño e ilustración: Ana Gómez López

 

He intuido que en el eco muerto de tu voz está la paciencia lenta que no me dedico desde que esa sombra dejó de perseguirme para huir de lo que era.

He sospechado que en el mordaz desplome de mis besos queman cobrizos tus cabellos las noches que se afanan en permanecer diurnas en tus ojos.

He sobreentendido que la calidad con que se funde el viento con tus hojas es de igual categoría que la forma en que yo rozo los coletazos de esa nota de melancolía.

He obviado cualquier forma de entender y comprender porque despierto cada día apagando mis pupilas cada noche si al final sigo viendo lo mismo, oasis de ti.

Y la forma en que me pierdo por debajo del silencio entre gritos de la gente, es lineal sin sentido alguno, sin dirección estimada. Sólo existe porque yo le presto mi latido para que no me den por muerto.

El sapo

Cumplió el tiempo su rotundo “sí” en el espacio,
el hueco milimetrado entre ser polizón y marinero.
El nacimiento extenuado de una sonrisa o mi lágrima.
La falta de caricias entre los vectores de mi arruinada melancolía.

Ser madre y no tener leche para el lactante,
ser patria y no dar cobijo a quién necesita cama,
ser amor y no derramar cariño en los cauces de tu boca,
ser vida y no respirar profundo para llegar a una muerte dulce.

Sentencias de mordiscos que van caminando despacio por las sendas angostas de tus caderas a mis manos,
subidas eternas por laderas que se giran resbalando los esfuerzos que sostienen el amor con que te mimo.

Cumplió el que acaba el minutero su “no” estepario en el cubrir de unos soles sin lunares, sin tiempos de descanso y sonidos de caracolas enredadas en tus rizos. Y al caer la noche se acabó el día, se cerró el vino que timbreaba tu puerta para abrir mi ventana.

Si finjo que no existes en un giro de tuerca sin movimiento para acabar fingiendo que no finjo que tus ondas son los timbales de mi ritmo.

Que no existe un pensamiento que no ronde el estanque en el que mis peces se ahogan y una rana se convierta en la dueña de esa charca.

Y los sapos que no llegan serán los príncipes que me extirparon tus escamas. Escurridizos tiburones con tu nombre.