Postales…

 

captura-de-pantalla-2016-11-10-a-las-0-01-28

Ayer enviaron una postal. Un SOS transparente. Tenía un remitente anónimo. Un sello sin tinta. Una lágrima por firma.

Ayer me regalaron un beso. Llegó volando, supo a cariño lejano, se sentó en mi mejilla para mecer alguna lágrima. Y cuando tuvo suficiente, secó alguna humedad prominente y dijo adiós.

Ayer todas las postales de mi pared tenían el sello de tu huella dactilar. Imagino que todas vienen de ese lugar del mundo donde sólo tú sabes que estás. Otras quieren ser el lugar donde encontrarte, se dibujan las cosas que más te gustan por si decides volver, que todo sea como antes. Y todas las postales son tus lugares favoritos, todas huelen a cerveza y a pitis, a humo, todas, huelen a ti.

Las postales con las que voy a escribir que hoy te tuve cerca, rozaste mi mejilla pero al ir a abrazarte perdí el sentido de la anatomía y  dejé de ser forense en este cuarto, este en el que desde que no estás el frío pesa sobre la colcha cuando cae la noche y los sueños se transforman en pesadillas cuando abro los ojos. Hay un bisturí asfixiando mi pecho y perforan el costado algunas frases mediocres, dichas en lugares banales, queriendo ser hijas del pasado para no ser huérfanas del presente.

De día las postales son diferentes, de noche todas son el grito de Munch esperando ser rescatadas. Las canciones no hablan de ti, pero suenan a ti, hablan de la misma forma en la que tú me hablabas tratando de hacerme ver que siempre puede ser primavera, que el invierno es la época en la que todos queremos a alguien que nos abrace fuerte para que el calor nos llegue hasta los pies, aunque hagamos trampa y pongas la estufa debajo del nórdico para encender una hoguera sin fuego que llame a mis noches para unirse a las tuyas.

Y en las ventanas, el sol nunca deja de entrar, cuando en silencio veo tus dedos escribir un mensaje en el cristal, sin el eco de tu voz, sin el vaho de tu cuerpo.

He aprendido a soportar la presencia de otras postales en la pared, postales de desconocidos, con letras que no reconozco y mensajes en los que nunca naceré yo, mensajes sin carmín al final, mensajes sin melancolía y enfurecidos por no poder ser tú. He aprendido a meter postales en botellas, y ahora los náufragos cuando encuentran la botella, sólo descifran el lugar. He decido regalar imágenes al mar, a desconocidos para que todos puedan venir a nadar a otra orilla, a otro mar, donde las olas nos mezan juntos y tu recuerdo me cante una nana para dormir flotando  entre la sal de alguna otra playa, entre la espuma de la que fue nuestra mejor ola.

Las postales y el secreto de los mensajes encriptados entre lunares y pecas, esos que nos pertenecían antes de que fuesen incluso nuestros. No sé de dónde salieron las mías, creo que tú las hiciste aparecer con alguno de tus besos en mi espalda, en mi hombro no caben más salvavidas, los besos se ahogan sin pecas a las que abrazar y los niños buscan lunares que robar para regalar a sus madres. – Eso, y postales-.

 

Anuncios

Banderas blancas…

Hoy toca romperte las costillas contra la rabia, quebrar cada vértebra por delirio, respirar toxinas del pasado, cubrirte el cabello con miel y ser carne de abeja obrera dando muerte a su reina.

Hoy toca tocar el fondo, salir subida a tu lomo, sentirme dragón y sirena, un monstruo de dos cabezas: la que implora y la que fustiga. Ser inquisición en tus uñas y morderlas todas, hasta que te sangren los atardeceres. Martillear tu piel y hacerle yaga para que puedan meter el dedo, rozar y rozar lunares desgastando su historia, que reconstruyas y fluyas.

Hoy toca yodo en la herida, abrirte la espalda con una palabra cuchillo y cerrarla con el hilo de algún nombre, soplar mareas de dolor, recorrer con saliva de madre cada corte, cada puñalada.

Hoy toca fundir las lanzas, clavar banderas blancas y hacer hogueras con todas las palabras y todas las letras que escriben pasado a su paso.

Hoy te toca a ti hacerme cristal, erosionarme con tu cuerpo la piel y abrazar todos los exilios que mis pestañas vivieron al cerrar con lágrimas los bares.

Alergias…

Con el código de tu piel,
escribí un poema en braille
y lo tatué en mi nuca para que al tocarlo,
vinieses a mí en forma de letra.

Con el morse de tus ojos,
hice un abanico de lunares,
y lo guardé para los días de calor sin ti.

Con todas las palabras bonitas,
compré un jarrón y lo llené de flores,
y al estornudar recordé que hay alergias que no se curan.

Lugares comunes

En tus senos la vida parece correrse, da empujones al resto de días que se posan estáticos.

Los pulgares de mi infierno hacen huelga por quedarse entre tus nalgas, por ser del tiempo un etéreo movimiento.

En la dehesa que alberga tu ombligo cabalgan tornados de mariposas llamando a mis ojos, al deseo que se ahonda en mi memoria, el calor que me provocas cuando no dices nada.
 
En algún lunar de tu confín de tesoros encontré el “cáliz” del que no debía beber. Bebí y pequé sin el cuerpo de cristo. Grité su nombre en vano y juré por todos sus santos. Y dije tu nombre porque no existe otro dios que tu carne, no hay otro templo más sagrado que el que siento en las sábanas que no lavo.

En la saliva que se apaga en mi almohada cuando la aprieto mientras te aprieto a ti con ella.
 
En el oasis desierto de tus palabras corren las aguas más dulces de boca en boca y ahogan a golpes la sed que no tenían.
 
En ese lugar, el reloj no mide el tiempo y girar, gira. Pero al contrario. Y los lunares que te visten son aquellos que me descubren las Américas.

En el lugar, donde te encuentro,
el mundo está caótico y a mí me parece bello.