Suena

Suena,
suene lo que suene,
suena a ti.

Suena Vetusta Morla,
empieza la historia interminable escrita entre los dos,
suene cuando suene,
suena a ti.

Suena un nombre,
y sólo veo la silueta que dibujarías en mí,
suene a lo que suene,
suena a ti.

Y suena,
y sigue sonando.
Porque eres eco en los valles de mi cuerpo.
Porque mi cuerpo es el refugio donde tu nombre busca su hogar.

Suena,
y siempre sonará,
y siempre seguirá sonando.

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LO QUE FUI…

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Brotó el cariño que hoy te tengo, del abrigo que el dolor le hizo a mi cuerpo. No pedí piedad, llamé a cualquier huracán de este planeta esperando un socorro inmediato para arrasar con todo, conmigo dentro.

Fui la hucha donde guardas la moneda que no gastas por miedo a quedarte arruinado y sin besos. Fui la mentira que no le contaste a nadie, o la verdad que nunca fue sincera. Fui la sombra que hizo sombra al león que se hizo camaleón en mí, y sonó al poema que nunca seremos.

Cerré la puerta al futuro con el pellizco que aparcó en mi nudo de lágrimas, se borró mi pasado y dudé si darle cobertura a mi presente. No vino ningún corresponsal de guerra a informar de mi estado de alerta, ni te destinaron a mi tercermundo, al subdesarrollo del que viví por meses.

Fui el verso que no encaja pero te encanta, la palabra rota en una estrofa, los nudos de las corbatas que nunca serán mías. Fui todo lo que nunca quise ser, y acabé por ser lo que siempre tuve claro que sería.

-YO-

Comprender

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Y llegan nuevos trenes que te llevan a estaciones diferentes pero igual de maravillosas

 

Hay historias que se cuentan con los ojos, de esas que se revuelven con los labios.

Girar la vista atrás en la cola de exiliados al pasado, sabiendo que éramos veraneantes de temporada en unas largas vacaciones en ese patio de butacas donde se representaba la historia que sería el tiempo vacuo y olvidado.

Hoy comprendo, que el dolor no se siente, depende mucho de la incertidumbre de uno mismo sobre el cuerpo del otro. Caer dentro de un pozo que no está inundado por tu piel. Un agujero sin la luz de tus ojos.

Porque hay historias que se cuentan en silencio, uno sabe lo que dice mientras otro asiente de costado. No hay mayor vertedero que el que abrazan mis caricias cuando se empeñan en recordar tus lunares, en puntearlos uno a uno con el filo del pecado y ver que no hay Casiopea que se apegue a otro cuerpo, que la Osa Mayor se perdió haciendo fundidos de sonrisas entre las hojas de un libro que se cerró de golpe y se convirtió en Osa Menor.

Hoy atiendo a la razón porque el corazón ya no galopa arrastrando mi cuerpo hacía una puerta que no es mía. Porque hay destinos que no nos pertenecen, porque hay inviernos que se hacen fríos y dependen del brasero que le pongan mis suspiros. Esos que se hospedaban en aquella cuenca de tu cara, en aquel montículo perdido de tu cuerpo.

Hay historias que no nos pertenecen hoy pero fueron nuestras no hace tanto.

Apocalíptica

Lágrimas dulces circundando un rostro, el perfil rocoso de una nariz afincada entre dos valles de manantiales.

Raíces de sentimientos que se alimentan del conflicto entre polos opuestos. Sonrisas tercermundistas empeñadas en dar pan a quien no tiene agua. A quien muere de insolencia y descalza los bostezos de un dolor amedrentado.

Fuimos ángeles apocalípticos en el miedo furtivo de no volver a vernos. En las casas vacías de mandatos.

Dijeron que no habría nada más, que la hora había llegado, que era tiempo de olvidar, de no andar quemando rastrojos de un temor condicional.

Dijeron que no era el momento, de llegar y conquistar. Que las banderas estaban rasgadas, y las tierras conquistadas.

En el adiós no cabe el futuro, y en el presente sólo existe un muro.