He, yo.

He dejado el silencio para cuando las cosquillas no sepan a ruido.
He comenzado a darle sutura a todos los cortes que me sangran.
He dejado el silencio para cuando nos rompan los besos la espalda.

He pensado que la ausencia de tu voz es como un oasis para mi dolor,
y ha llegado la cura que anestesia, que seca, que para, paraliza mi lágrima, tu lágrima;
la tuya, la que lleva tu nombre pero brota sin letras, la que no te recuerda en un cuerpo, la que si pasa de la mejilla quema al rozar el pecho.

He sido un abrupto pozo seco, sin vida y ahora todo lo que traigo son manantiales, selvas en los ojos con vida tropical en las pestañas. Zumo de papaya en el roce de mis labios, vida entre el desierto que han poblado las noches conmigo misma. Traigo sudor y azúcar en el pelo, limón en entre tu lengua y mis pechos, soy ventisca en el cañón que se forma cuando despega tu cuerpo del mío.

Traigo vida, quemo y hago fuego, soy pirita de tu cuerpo.

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Pido

Tregua para todos, tiempo y silencio,
muescas en una madera que sigue a flote,
angular de un ojo de pez ciego,
muerte de una etapa para continuar con vida.

El acuerdo sin firmar que sellaron los dedos,
que rotos por empujar aprendieron a sostener,
a recorrer el agua sin retorcerse de frío.

Pactamos en línea recta una separación de bienes indirecta,
una partición casi perfecta de nosotros mismos,
la ruptura de lo indivisible con el tiempo,
la división infinita de la materia que fuimos.

Tregua para acallar los gritos que van por dentro,
para mutilar el cansancio y agotar las ganas,
por seguir adelante, por luchar con las garras,
por morder más pieles que las nuestras,
por quemar más lugares que hogueras,
por ser infinitos en el olor de otras camas,
por llenar el hueco de alguna almohada,
por cubrir de lunares otras espaldas.

Tregua, para llamar a las cosas por su nombre.

Ira…

Ira,
de ti, de todo.
De sentir, de nada.
De caer, sin manos.
De andar, sin rumbo.
De vagar, sin norte.

Ira,
rabia descalza sin palabras,
furia internalizada sin expresión,
fuego de un montón de mentiras,
amor sin odio pero vacío.

Ira,
Invención humana para definir un corazón roto.
Tristeza transformada en fuerza para dar otro paso.
Rotura de la arteria que circula hueca de tu boca a la mía.
Dolencia cardiaca con cura localizada, antídoto en experimento.

Ira,
Sentimiento ubicado en el epicentro del huracán de la memoria.
Se nutre del recuerdo, crece con cada memoria en blanco y negro.
Apariencia de una lágrima disecada, puede convertirse en piedra.
Hielo que al ser tocado por otro corazón puede derretirse de inmediato.

Ira,
Ficción para ser fuerte cuando no se tiene la valentía suficiente.
Mentira indiferente marcando distancia donde hay milímetros.

Ira, significación de algún amor, sin números, sin letras, de estos amores de postales, de esos amores de portales, de esos que mueren a besos, de esos que sólo dejan excesos.

Y a la ira que me diste, le dejo el amor que yo le puse.

NOTA: Mi padre me dijo que el odio (yo lo llamo ira, me gusta más) había que transformarlo en algo, dejarlo dentro de uno mismo no sirve de nada. Creo que transformarlo en poesía es lo mejor que lo puedo hacer, pero él y mi madre, lo supieron hacer incluso mejor que yo, y lo transformaron en AMOR. Gracias por los sabios consejos.

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LO QUE FUI…

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Brotó el cariño que hoy te tengo, del abrigo que el dolor le hizo a mi cuerpo. No pedí piedad, llamé a cualquier huracán de este planeta esperando un socorro inmediato para arrasar con todo, conmigo dentro.

Fui la hucha donde guardas la moneda que no gastas por miedo a quedarte arruinado y sin besos. Fui la mentira que no le contaste a nadie, o la verdad que nunca fue sincera. Fui la sombra que hizo sombra al león que se hizo camaleón en mí, y sonó al poema que nunca seremos.

Cerré la puerta al futuro con el pellizco que aparcó en mi nudo de lágrimas, se borró mi pasado y dudé si darle cobertura a mi presente. No vino ningún corresponsal de guerra a informar de mi estado de alerta, ni te destinaron a mi tercermundo, al subdesarrollo del que viví por meses.

Fui el verso que no encaja pero te encanta, la palabra rota en una estrofa, los nudos de las corbatas que nunca serán mías. Fui todo lo que nunca quise ser, y acabé por ser lo que siempre tuve claro que sería.

-YO-