Días de turbulencias

Es como volver a empezar de cero, algún tango que se quedó a medias.
A veces, no sabes que viene después y sin querer te dejas llevar, y llegas.
Y a mitad de ese tango que se bailó solo, decides dejar de bailar porque ya no existen más pasos.

Es aprender de nuevo, algo así como inventar un baile, sin nombre, sin raza, sin destino y querer llegar al momento “seremos el centro de la pista de baile” y se alzarán las miradas y dirán, “llegaron, sin saber cómo, llegaron”.

Es saber que no existirá jamás la coordinación suficiente para llegar a un consenso entre tus pies y tus brazos. Pero hay bailes, que no dependen de la técnica, sino del consentimiento que se den dos cuerpos.

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Un tango…

Y es, así, como una pincelada sobre una pared blanca, la nota de color, las ganas de liarla parda, el olor a café en lo que fueron mañanas, las noches de rubias en los balcones, las olas de mar sin costa, los puertos de sal sin barcos, el fuego de ayer sin cigarro, la humedad de tus ojos sin lágrimas, el frío de unas manos sin cuerpo, las curvas al azar sin carreteras, las hojas en blanco sin poesías, o el tenue susurro de tus intenciones a medias, entre canciones al oído de quien ahora es sorda, muda y ciega.

Y es que, el tiempo, la soledad, y el resto de cosas que sin pensar pensamos, son así. Eternos puntos inconexos, eternos conflictos de sentimientos, eternos en la eternidad de lo indefinido.

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La eternidad de lo indefinido

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La breve historia de un suspiro

 

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  • ¿Qué es un suspiro? –

Habrá que descifrar este misterio. Los suspiros son variados, unos caen del último roto que la piedra hizo al golpear el cristal de un corazón, otros de alguna extraña sensación de vacío que se quedó perdida entre el hueco de un pulmón y una costilla, algunos hasta vienen de la falta de algo nuevo en los adentros, o del simple tintineo de una nota melancólica que se asoma a tu garganta… No se sabe muy bien porqué nacieron los suspiros, pero al salir alivian un poco esa perdida de directrices que sentimos.

Cuentan que en Venecia hay un puente, de ese puente cuelgan mil millones de suspiros enredados entre fotos de turistas que ilusionados creen que los suspiros eran de amor, y ni mucho menos. Todos y cada uno de sus suspiros son de anhelo a esta vida, de saber que ya se pierde y derramas en modo de súplica un último reclamo de piedad, por si alguien se estremece y decide perdonarte. Al final no lo vemos, pero entre lo que unos pensaron y la realidad existe una relación de sentido proporcional. Todos esos suspiros aliviaron al menos un corazón, roto, lloroso, amparado en su súplica, le quitó un peso. Al menos en esta vida, ¿te imaginas qué no te dejan suspirar nunca más? Sería como un estornudo congelado en tu interior, que jamás sale, pero… ¡dios, cómo jode!

Tu suspiro es la diferencia entre lo que piensas, lo que callas y lo que finalmente compartes con el resto. La mayoría de las veces nada tiene que ver con la realidad, el escondite perfecto para el millón de excusas que serían verborrea si no fuera por ese pellizco que te hace no decirlo y suspirarlo. Es obligación callar lo que no mejorará la realidad, pura sabiduría casual de nuestro cuerpo, así como casi natural. Sale, se expulsa y… ¡Ala, ahí queda dicho todo, en un divino y profundo suspiro!

A mí los suspiros me parecen algo bello, tierno, interno, doloroso en ocasiones, bandido en otras, delicado en sus mil formas, supeditado a la máxima expresión de cariño por alguien, entrañable cuando menos te lo esperas, suspicaz al rozarte el lóbulo de la oreja y volar rumbo al cielo en tu cerebro. A mí, a mí me parecen de todo menos materiales, intangibles. Tal vez por eso su valor sea gigante y brille en una cantidad inexacta de posibilidades. Porque un suspiro es gigante en su pequeñez, en su minúscula casualidad está su mayúscula significación. ¡Porque los suspiros molan, y uno mola más con suspiros, propios o ajenos! ¡Los suspiros son la caña! Y sentirlos, sentirlos es otra cosa, otro nivel, otro mundo. Todo es superior a lo anterior, si sientes un suspiro has tocado un sentimiento. ¡Un sentimiento! ¿Sabes lo qué es eso? Los sentimientos son diferenciales en cada persona, nadie puede tener un sentimiento repetido, no es como ponerte el mismo jersey que lleva la de al lado, ¡no!, es imposible sentir por alguien y que alguien sienta por ti. Y te dirán mil veces, ¡créeme, sé de lo que me hablas!… ¡Pues no! Afortunadamente no lo sabes, ni lo sabrás, porque lo que tú sientes y lo que yo siento son como los suspiros, personales, transferibles en ocasiones, pero nunca tienen otra posesión que la propia. Jamás nadie sentirá lo que tú sientes, ni suspirará lo que tú suspiras. Y vaya alivio, porque imagínate tener que compartir suspiros, sentimientos, lágrimas, felicidad,… no no, quita, ya es demasiado conservarlos como para regalar la mitad de lo poco que te llega.

Eso es un pensamiento egoísta, pero imagina por un segundo que compartes lo que sientes y suspiras y el lugar de dividirlo, lo multiplicas por infinitos suspiros cargados de infinidad de sentimientos. ¿Qué te parecería eso? La sola idea ya acojona, pero el reto, el reto te empuja a vivirlo. Pues eso, es la vida, suspiros.