Alergias…

Con el código de tu piel,
escribí un poema en braille
y lo tatué en mi nuca para que al tocarlo,
vinieses a mí en forma de letra.

Con el morse de tus ojos,
hice un abanico de lunares,
y lo guardé para los días de calor sin ti.

Con todas las palabras bonitas,
compré un jarrón y lo llené de flores,
y al estornudar recordé que hay alergias que no se curan.

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Encuéntrame

Enciéndeme la luz, la que quieras, pero enciende alguna que viene el otoño. Y no me gusta, más bien me asusta.

Entiéndeme, en el idioma que te apetezca, piano piano o come on y a todo trapo. Si me lees del revés entiende que las letras son mi piel.

Enróscate en el primero de los suspiros que me inspire al abrir los ojos, ven a dejarme una sonrisa en la almohada y no atormentes.

Encaja conmigo, une las piezas que te sobran a las que a mí me faltan, y salta de tu balcón al mío arriesgando el pie en el salto. ¡Vamos! Dale al calor que aquí hace frío, y esto es lo que yo ya sé y no te digo. Que todo lo que quiero, es que el resto del tiempo sea contigo.

Todos somos ramas…

Creció la rama en mitad de un campo,
De olivos y vino.
Había tierra erosionada,
Algunas grietas de puñaladas,
Y una flor abriéndose paso.

Llegó el invierno sin lluvia,
pasó el verano sin sol,
y cuando ya no quedaron estaciones,
llegó aquella gota de lluvia,
la gota que empapó raíces,
raíces de una rama sin árbol.
La gota que supo a diluvio,
diluvio de un martes de julio.

Y dicen, que llovió para siempre,
que la rama tornó en árbol.
que el árbol se hizo roble.
que el roble acunó pájaros.
que los pájaros trajeron vida.
que la vida se hizo sombra.

Y dicen, que la sombra no fue más que otro camino.

Cuando las arrugas nos quemen, arderemos.

Cuando dos cuerpos erosionados por las gotas de saliva compartidas, despedacen las muescas que agrietan sus pieles deshilachadas y vueltas a coser con los dedos del que sostiene al otro.

Cuando yo vuelva a ser niño y tú adolescente a mis ojos, me pierda en tus pupilas cortando un trozo de tu carne entre el alboroto que siguen sintiendo mis venas al saber desconocido de tu presencia, el ardor de mis pulmones al respirar el aire con que tú me vuelves a quemar.

Daré volteretas entre la esquina que va de tu colchón al mío, pero no caeré al vacío porque en el final del río, el agua que limpia mi cuerpo cae del sudor dormido de tus pechos, del calor ausente de tu sonrisa perdida, del maltrato con amor que le seguimos dando a lo que hoy queda de nosotros en este mundo, al roce de tus huesos exclamando que no le roce la muerte antes de llegar al misionero con menos paz que hayamos hecho.

Cuando yo sea el resto de lo que sobra en tu plato, el trozo de papel sin tinta, la tumba que no existe en tus penitencias. Cuando todo eso no exista, ni llegue, yo seguiré contando tus lunares, bebiendo de tu risa y doblando cada pliegue que amuralla los años de todas las batallas que jugamos siendo amigos y enemigos.

Cuando yo sea ceniza, tú serás polvo colgando de algún abstemio que te llore. Y yo seré de ti, lo que tú serás de mí, silencio.