Sapa y la tormenta de primavera

Aquí primavera, allí principio de un invierno.
Largo.
Hacemos de los trópicos lugares desiertos.
Arena.

Hubo tormenta en Sapa,
aviso de que tras ella llegaría la falsa calma.
La que ni lo fue, ni llegó.
-No, al menos, entre nosotros-.
Llovió tanto, tanto llovió,
que se encharcaron mis pulmones, -colapso
asiático-. (Como un atasco en Ho Chi Minh).
-nosotros-.

Siguió lloviendo,
hizo frío. Nevó aquí adentro.
Hubo humedades incurables.
Secretos a voces que se versaban en los ojos.

Tus labios midieron el peligro hasta que tropezamos.
-y nos caímos-.

Tras la tormenta llegó el beso, -nunca la calma-.
La revolución, -la piedra-. Y el tropiezo.
Tras la tormenta fuimos dos gotas que chocan antes de llegar al suelo, nos golpeamos, fuerte. -contra el asfalto-.

Tras la tormenta, llegó el silencio.

Tras la tormenta, llegó el invierno a Sapa.

https://youtu.be/BW9Fzwuf43c

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Pobreza energética

Hasta que te supe real pensaba que eras espectro, supuse que las subidas de tensión eran parte de tu aviso de llegada a este mundo. De vivos.
Pensaba que los cambios de temperatura eran sólo el final del verano, aunque fuese otoño y nos persiguiera el invierno.

Hasta que te vi temblar en aquel cuarto creí en los datos sobre pobreza energética y su clasismo social.

Ahora que me has hecho un poco más culto, que ya no me oculto. Sé que electrificas ciudades cuando tiemblas. Que eres tribu de hogueras y danzas desnuda en el baño.

Ahora que electrificas mi casa, desde el cuarto hasta el baño pasando por el pasillo y haciendo parada en la cocina.

Con ese temblor de “quiéreme más”,
con esa boca de “cómeme y termínatelo todo”,
con esas piernas de “vamos a abrazarnos el miedo”.

Ahora sé que yo siempre he sido un alpinista loco buscando tu cima, queriendo escalarte. Un suicida buscando LA OLA de Nazaré, un surfero sin traje de neopreno en una Antártida helada. Sin ti.
Uno que explora, que busca la selva virgen donde acampar a cuerpo en tierra. Una toma de contacto con la naturaleza. Contigo. Piel con hiel. Sin cordero.

Tú, eres vientre que arde en llamas, que pronuncia mi nombre.
En tus palpitaciones me llamo. Me quedo. He llegado a tu frontera a entregar mi pasaporte.

Para en tu milicia de lunares sentirme rodeado.
Para levantar las manos y entregarme, sin que suene el primer disparo.
Sin que caiga la primera bala.
– Te Quiero –

Amo tus ojos porque me abrazan

Amo por encima de tu abrazo, la silueta de tus ojos sobre los míos. Al mirar su gesto torcido, encuentro paz y silencios.

Tus ojos deben guardar todo el mar que a veces transformamos en nostalgia y llega la melancolía.

He de volver a mirarlos, para volver a guardar silencio. Porque en sus caricias crece mi pelo sin que lleguen tus manos, y sin embargo, yo las siento desenredarme los enredos.

Me abrazas con los ojos, y tus pestañas bailan como el que reparte besos al viento y ya tienen dueño. Todos los besos que vuelan tienen un destino.

He de mirarlos de nuevo, para llegar a la caricia que se acerca a mi mejilla. Para entornar mis párpados saboreando un calor que tiende la mano.

Amo por encima de todo que me abraces con los ojos, pero por encima de todo amo tus ojos porque me abrazan.

No a todo

No, te digo que no.
Que no te haces agua en mi boca.
Que no salivo de hambre de por ti.
Que no me cuelgan mariposas del estómago.
Que no hay polo opuesto entre dos que beben del mismo vaso.
Que huelo la mentira y tú hueles a ella.

Que a lo sumo,
yo me hago agua en tu boca,
tú salivas de hambre por mí,
las mariposas quedan libres de pecado,
y con el resto viceversa.
Y no, no voy a ser tu presa, ni tu alcaldesa.

Soy carne de sentimientos y me muevo por inercia.
Espero la razón más adecuada, la que te haga tropezarte en el camino, -conmigo-.

Y no, no vamos a follar hoy,
mañana seremos sexo,
ni sudores antídoto,
ni mentiras que adormecen.

Vamos a jugar, a mirarnos empujándole al deseo. Tú imaginas el botón de mi camisa desabrochándose en tus dedos,
yo mordiéndome el labio,
tú besando el mordisco y después,
yo cerrando la boca para abrirte los ojos.
Vamos a emparedar las ganas de hacerlo todo.
Vamos a dejar las faldas en su sitio, las manos en los bolsillos.

Vas a acariciar mi mejilla con esos ojos de derrota, como preso que apunta a un testigo. Para besarme la boca, con ausencia y unos ojos abiertos.

Con voluntad de ciego me vas a recorrer con tus manos, como alfarero y vas a llegar donde no llegaron los cuerdos.