Casprico

A ti, que has cortado las hemorragias de mis agujeros de bala, cosiendo las heridas que el malo le hizo a mi pecho.

A ti, que no has sabido ser mujer y has dejado de ser madre, siendo eterna en cosas pequeñas.

A ti, que a las alas que yo me ponía le cosiste un buen soporte para que el viento no las quebrase. Y luego vino el lobo y las mordió. Y tú, que nunca fuiste madre, sino premisa de algo más grande. Mataste al lobo y me cosiste una capa del mismo rojo que tu sangre.

A ti, que te secas los suspiros en silencio y gritas cada lágrima en forma de plegaria por si algún noble te escucha y soborna al juez de paz a medianoche.

A ti, que sin elegirte me tocaste,

A mí, que sin decidirlo fui tuya.

A nosotras, que sin acuerdos, sin pretextos y maravillas, nos hiciste gigantes en la inmensidad del dolor y crecemos con tus abrazos.

A mi madre, que no es madre, y es mejor que todo eso.

A mi madre, que es la mia, la nuestra y la mejor.

 

A ti, que nunca careces de adjetivos y te sobran los defectos que adoramos.

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