Agamémnôn

Crepitas sobre el mundo, suavizando los bostezos del derrumbe.

El aire que se ancla en tu pecho, hace bombas nucleares enredadas entre versos.
Que derrapan por tus venas, bombeando hipérboles.

Sacan sudor al espanto, derrumbando a medianoche hojas en forma de llanto.
Hojas de un mundo amarillo, terco en el intento de subir del foso de tu rutina,
la ruina con la que nos muelen, el alma por una causa, la vida por unas leyes.

Todos orquestan su canto, nadie parece escucharlo, rugen tullidos sin descanso.
Graman migas de un pan, que ni da hambre ni quita sed.
Y terminan por sostener barricadas que hacen más fuertes.

El viendo que mueve tu pelo, llora a destiempo su celo,
no halla consuelo en el muro que sin lamentos decae piedra a piedra,
palmo a palmo, así se va diluyendo.
Va rotando los intentos de seguir erguido y fuerte.

Y no sabe el mundo, que mayo vino con ellos y junio murió sin nosotros.
Sangran sudor y no ceden.

Hoy que lo llamamos progreso,
cabalgamos retroceso.

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