Pistoleros

Hiciste justo eso que te pedí que no hicieras.

Aquello que te prometiste y me juraste que no pasaría.

Suplicamos juntos para que no se derrumbaran las paredes.

Nos ayudamos a creer que sabíamos lo que hacíamos.

Nos consolaba pensar que el control era nuestro, que podríamos parar cuando quisiéramos.

Y pudimos parar. Paramos, pero no al mismo tiempo.

Por eso yo tengo agujeros de bala escurriendo mis tormentas y tú sigues apuntando hacía mi pecho con la pólvora en tus dedos.

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