Amo tus ojos porque me abrazan

Amo por encima de tu abrazo, la silueta de tus ojos sobre los míos. Al mirar su gesto torcido, encuentro paz y silencios.

Tus ojos deben guardar todo el mar que a veces transformamos en nostalgia y llega la melancolía.

He de volver a mirarlos, para volver a guardar silencio. Porque en sus caricias crece mi pelo sin que lleguen tus manos, y sin embargo, yo las siento desenredarme los enredos.

Me abrazas con los ojos, y tus pestañas bailan como el que reparte besos al viento y ya tienen dueño. Todos los besos que vuelan tienen un destino.

He de mirarlos de nuevo, para llegar a la caricia que se acerca a mi mejilla. Para entornar mis párpados saboreando un calor que tiende la mano.

Amo por encima de todo que me abraces con los ojos, pero por encima de todo amo tus ojos porque me abrazan.

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No a todo

No, te digo que no.
Que no te haces agua en mi boca.
Que no salivo de hambre de por ti.
Que no me cuelgan mariposas del estómago.
Que no hay polo opuesto entre dos que beben del mismo vaso.
Que huelo la mentira y tú hueles a ella.

Que a lo sumo,
yo me hago agua en tu boca,
tú salivas de hambre por mí,
las mariposas quedan libres de pecado,
y con el resto viceversa.
Y no, no voy a ser tu presa, ni tu alcaldesa.

Soy carne de sentimientos y me muevo por inercia.
Espero la razón más adecuada, la que te haga tropezarte en el camino, -conmigo-.

Y no, no vamos a follar hoy,
mañana seremos sexo,
ni sudores antídoto,
ni mentiras que adormecen.

Vamos a jugar, a mirarnos empujándole al deseo. Tú imaginas el botón de mi camisa desabrochándose en tus dedos,
yo mordiéndome el labio,
tú besando el mordisco y después,
yo cerrando la boca para abrirte los ojos.
Vamos a emparedar las ganas de hacerlo todo.
Vamos a dejar las faldas en su sitio, las manos en los bolsillos.

Vas a acariciar mi mejilla con esos ojos de derrota, como preso que apunta a un testigo. Para besarme la boca, con ausencia y unos ojos abiertos.

Con voluntad de ciego me vas a recorrer con tus manos, como alfarero y vas a llegar donde no llegaron los cuerdos.

ABUELO

Puedo verte sentado, con una televisión muda, de tradiciones y patria en la boca. Aún puedo decir tu nombre recordando las vocales y veo tu pelo blanco, vuela en mi tacto, como diente de león. Ligero.

Sigo siendo capaz de cerrar los ojos escuchando mi bautismo de tu boca y me hago Cristiana por un día.

Oigo pájaros, tengo la certeza de que eres tú, de que me sobrevuelas. Sé que sigues existiendo en mí, te veo cada día ser mi madre, ser sonrisa, ser bondad y no tener nada por compartirlo todo. Estás aquí por varios motivos, y alguno particular.

Te veo en las golondrinas que piden agua en un campo Cordobés, en un julio de infierno. Así eres, verano.

Te veo en los gorriones que aún no vuelan y caen. Te veo en ellos y en los que caen para recuperarse y volver a volar en primavera. Así eres, invierno.

Extiendo mis brazos, me pongo de puntillas, te abrazo en la lejanía. En mitad de un campo o alrededor de un solo olivo.

  • los autobuses siguen siendo millones de destinos, y venderán algún día un billete de ida y vuelta para ir a verte -.

Pero llega febrero, y me cuesta recordar(te). Se va borrando tu piel del tacto de mis manos, es difícil ponerle color a tus ojos porque los recuerdo cerrados. Y no te veo paseando, a veces veo una espalda y un bastón, me emociono. Quiero pensar que eres tú y que vienes a verme o a vernos.

Hace frío, abuelo, desde que te fuiste, hace frío y hay goteras.

Hace frío, abuelo, desde que no pones orden, hace frío y no hay consenso.

Hace frío, abuelo, desde que no vienes a casa, hace frío y no hay remedio.

Te echo de menos, a ti y a tus abrazos de altura.

Esos abrazos con flores en los dedos y una orquesta tocando una verbena.

Esa forma tan tuya de querernos, a todos.

Esa forma tan tuya de hacernos grandes, inmensos, valientes y fuertes.

Esa forma que tanto te enorgullecía, la mitad de lo logrado te pertenece.

Esa forma de querernos, y nosotros regañándote por viejo.

Abuelo, me voy a ir, sabes. Tengo que irme, sólo he venido para decirte que hace ocho años que ya nadie me canta la de Compay. Nadie me dice bonita con la boca abierta y el corazón en las manos. Las “María Cristianas” no gobiernan a nadie ni les siguen la corriente.

Abuelo, en esta España moderna no entenderías nada. No estoy segura de que te gustasen nuestros inventos.

Estoy segura de que en tu vuelo está mi paz y en mi paz las razones por las que te seguiremos queriendo.

Hay eco en casa sin ti, pero hasta el tipo que vino a olvidarse de nosotros sigue haciendo que la abuela te recuerde. Eres imborrable hasta para el alzheimer.

Gracias.

Pistoleros

Hiciste justo eso que te pedí que no hicieras.

Aquello que te prometiste y me juraste que no pasaría.

Suplicamos juntos para que no se derrumbaran las paredes.

Nos ayudamos a creer que sabíamos lo que hacíamos.

Nos consolaba pensar que el control era nuestro, que podríamos parar cuando quisiéramos.

Y pudimos parar. Paramos, pero no al mismo tiempo.

Por eso yo tengo agujeros de bala escurriendo mis tormentas y tú sigues apuntando hacía mi pecho con la pólvora en tus dedos.