He, yo.

He dejado el silencio para cuando las cosquillas no sepan a ruido.
He comenzado a darle sutura a todos los cortes que me sangran.
He dejado el silencio para cuando nos rompan los besos la espalda.

He pensado que la ausencia de tu voz es como un oasis para mi dolor,
y ha llegado la cura que anestesia, que seca, que para, paraliza mi lágrima, tu lágrima;
la tuya, la que lleva tu nombre pero brota sin letras, la que no te recuerda en un cuerpo, la que si pasa de la mejilla quema al rozar el pecho.

He sido un abrupto pozo seco, sin vida y ahora todo lo que traigo son manantiales, selvas en los ojos con vida tropical en las pestañas. Zumo de papaya en el roce de mis labios, vida entre el desierto que han poblado las noches conmigo misma. Traigo sudor y azúcar en el pelo, limón en entre tu lengua y mis pechos, soy ventisca en el cañón que se forma cuando despega tu cuerpo del mío.

Traigo vida, quemo y hago fuego, soy pirita de tu cuerpo.