Pido

Tregua para todos, tiempo y silencio,
muescas en una madera que sigue a flote,
angular de un ojo de pez ciego,
muerte de una etapa para continuar con vida.

El acuerdo sin firmar que sellaron los dedos,
que rotos por empujar aprendieron a sostener,
a recorrer el agua sin retorcerse de frío.

Pactamos en línea recta una separación de bienes indirecta,
una partición casi perfecta de nosotros mismos,
la ruptura de lo indivisible con el tiempo,
la división infinita de la materia que fuimos.

Tregua para acallar los gritos que van por dentro,
para mutilar el cansancio y agotar las ganas,
por seguir adelante, por luchar con las garras,
por morder más pieles que las nuestras,
por quemar más lugares que hogueras,
por ser infinitos en el olor de otras camas,
por llenar el hueco de alguna almohada,
por cubrir de lunares otras espaldas.

Tregua, para llamar a las cosas por su nombre.

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