El susurro a tu memoria

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Se creó bucle en el pozo que abría la puerta del volcán más obsceno de la memoria, el alma a cuestas cuando la maleta se quedaba en casa. No encontraron su cadáver, no supieron dar con sus huesos, no negaron que estaba muerto, nadie supo si realmente había sido vivo en algún universo paralelo, o en algún pretérito imperfecto.

Imperfecto se quedó el cristal quebrado de la mirada que apura un nudo en la garganta y pasa al siguiente trago de saliva, y no supo como cerrar la boca para pasar la página con el otro dedo que le quedaba firme, decidido. Arrancó la página y terminó el libro que nunca fue capaz de empezar, el prólogo que nadie escribió de su vida, el paso que no pisó ningún suelo, que a la muerte le mató el último disparo de la sospecha.

Sospecha que cegó al ciego que habitaba en algún rincón de su melancolía, del cuerpo muerto que le perseguía tratando de que fuese el vivo que le perteneció. Amilanó el dolor temprano que se oscurecía, donde ya no cabía ni rencor, ni osadía. Donde él, donde ella, donde sólo los dos podrían ser lo que quisieron ser, donde el aire pasaba surcando los bordes de sus abrazos.

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