La familia

Cuando mamá viene,
La nevera tiene dudas existenciales,
Sentimientos encontrados,
Ganas de que no se vaya nunca.

Cuando papá viene,
El salón parece una casa con niños,
Un cojín con ganas de siesta,
Una televisión con rugidos de fondo.

Cuando mamá llega,
La cocina hace fiestas con ella,
Las bailarinas se pasean por la mesa,
El vino se cuela en las comidas,
Y huele a casa de familia.

Cuando papá llega,
Las puertas no se atascan,
El lavabo agradece su cuchilla,
El espejo le da la bienvenida con un guiño,
Y aplauden las paredes a su paso.

Cuando ellos se mudan,
Paseando su amor por nuestros rincones,
Baja el nivel de soledad habitual,
Volvemos a ser niñas, dejamos de ser mujeres,
Retamos los celos entre hermanas,
Se caen los besos por las ventanas.

Murrieta reza un padre nuestro,
Y nosotros le damos el resto,
Bendecimos el primer sorbo,
Y se borra todo de un soplo.

Que se apaguen las luces que soplamos velas,
Que se muerda la lengua el que quiera silencios,
Que se acuerde la tregua que viene tras ella la guerra,
Que no se olvide nunca, que cuando ellos entran,
Volvemos a ser familia, volvemos a no ser nosotros.

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#Nota 1: Lo que quedaba por hacer

Había que cerrar las ventanas e invernar el dolor, guardarlo con cariño, con mimo en un cajón y decirle que aprender a curarlo fue el trabajo más duro de cualquier vida, pero que sin él el resto de cosas no tendrían jamás el sentido dado a lo debido.

Cuando las arrugas nos quemen, arderemos.

Cuando dos cuerpos erosionados por las gotas de saliva compartidas, despedacen las muescas que agrietan sus pieles deshilachadas y vueltas a coser con los dedos del que sostiene al otro.

Cuando yo vuelva a ser niño y tú adolescente a mis ojos, me pierda en tus pupilas cortando un trozo de tu carne entre el alboroto que siguen sintiendo mis venas al saber desconocido de tu presencia, el ardor de mis pulmones al respirar el aire con que tú me vuelves a quemar.

Daré volteretas entre la esquina que va de tu colchón al mío, pero no caeré al vacío porque en el final del río, el agua que limpia mi cuerpo cae del sudor dormido de tus pechos, del calor ausente de tu sonrisa perdida, del maltrato con amor que le seguimos dando a lo que hoy queda de nosotros en este mundo, al roce de tus huesos exclamando que no le roce la muerte antes de llegar al misionero con menos paz que hayamos hecho.

Cuando yo sea el resto de lo que sobra en tu plato, el trozo de papel sin tinta, la tumba que no existe en tus penitencias. Cuando todo eso no exista, ni llegue, yo seguiré contando tus lunares, bebiendo de tu risa y doblando cada pliegue que amuralla los años de todas las batallas que jugamos siendo amigos y enemigos.

Cuando yo sea ceniza, tú serás polvo colgando de algún abstemio que te llore. Y yo seré de ti, lo que tú serás de mí, silencio.