Comprender

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Y llegan nuevos trenes que te llevan a estaciones diferentes pero igual de maravillosas

 

Hay historias que se cuentan con los ojos, de esas que se revuelven con los labios.

Girar la vista atrás en la cola de exiliados al pasado, sabiendo que éramos veraneantes de temporada en unas largas vacaciones en ese patio de butacas donde se representaba la historia que sería el tiempo vacuo y olvidado.

Hoy comprendo, que el dolor no se siente, depende mucho de la incertidumbre de uno mismo sobre el cuerpo del otro. Caer dentro de un pozo que no está inundado por tu piel. Un agujero sin la luz de tus ojos.

Porque hay historias que se cuentan en silencio, uno sabe lo que dice mientras otro asiente de costado. No hay mayor vertedero que el que abrazan mis caricias cuando se empeñan en recordar tus lunares, en puntearlos uno a uno con el filo del pecado y ver que no hay Casiopea que se apegue a otro cuerpo, que la Osa Mayor se perdió haciendo fundidos de sonrisas entre las hojas de un libro que se cerró de golpe y se convirtió en Osa Menor.

Hoy atiendo a la razón porque el corazón ya no galopa arrastrando mi cuerpo hacía una puerta que no es mía. Porque hay destinos que no nos pertenecen, porque hay inviernos que se hacen fríos y dependen del brasero que le pongan mis suspiros. Esos que se hospedaban en aquella cuenca de tu cara, en aquel montículo perdido de tu cuerpo.

Hay historias que no nos pertenecen hoy pero fueron nuestras no hace tanto.

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Lloro

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Diseño e ilustración: Ana Gómez López

Lloro una vez al día,
derramo los recuerdos a gotitas de nostalgia,
embalsamando los momentos por si viene un huracán y los arrasa.

Lloro una vez al día,
porque la rabia no me deja reír, y me quema.
Todo este dolor me quema, y no me sabe a hierba.

Lloro una vez al día,
porque hay pantanos que no se acaban nunca,
lluvias que los inundan a raudales, tormentas que desbordan sus caudales.

Lloro una vez al día,
así limpio los rastros con los que no consigo acabar,
los sarmientos que arden quemando ascuas si los toco.

Lloro porque así se nutre de mí, lo poco que queda de ti.

Por mentirme un rato

Por mentirme un rato, te diré que hay cosas que no son ciertas, otras que lo son y se quedan desiertas.

Creo que podría llegar a quererte,
a tostar tus besos entre mis brazos.
A quemarme con la tostada de cada mañana,
a lamer la mermelada de la esquina de tu boca.

¿Sabes a lo qué me refiero?
A quererte por detrás de mi reflejo,
en el espejo cada mañana, también de madrugada.
A que abraces mi almohada por debajo de mi nuca
y saber que no hay escudo más fuerte que el de tu piel entre mi pelo.

A dormir abrazada a un olor que me anestesie,
a atarme a otra carne a medianoche,
a quemar el tiempo sin quemar el momento.

Creo que creer es lo potente,
que si crees en lo que quieres,
querrás aquello en lo que crees.

Y yo creo que te quiero.