En calidad de difunto

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Diseño e ilustración: Ana Gómez López

 

He intuido que en el eco muerto de tu voz está la paciencia lenta que no me dedico desde que esa sombra dejó de perseguirme para huir de lo que era.

He sospechado que en el mordaz desplome de mis besos queman cobrizos tus cabellos las noches que se afanan en permanecer diurnas en tus ojos.

He sobreentendido que la calidad con que se funde el viento con tus hojas es de igual categoría que la forma en que yo rozo los coletazos de esa nota de melancolía.

He obviado cualquier forma de entender y comprender porque despierto cada día apagando mis pupilas cada noche si al final sigo viendo lo mismo, oasis de ti.

Y la forma en que me pierdo por debajo del silencio entre gritos de la gente, es lineal sin sentido alguno, sin dirección estimada. Sólo existe porque yo le presto mi latido para que no me den por muerto.

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El sapo

Cumplió el tiempo su rotundo “sí” en el espacio,
el hueco milimetrado entre ser polizón y marinero.
El nacimiento extenuado de una sonrisa o mi lágrima.
La falta de caricias entre los vectores de mi arruinada melancolía.

Ser madre y no tener leche para el lactante,
ser patria y no dar cobijo a quién necesita cama,
ser amor y no derramar cariño en los cauces de tu boca,
ser vida y no respirar profundo para llegar a una muerte dulce.

Sentencias de mordiscos que van caminando despacio por las sendas angostas de tus caderas a mis manos,
subidas eternas por laderas que se giran resbalando los esfuerzos que sostienen el amor con que te mimo.

Cumplió el que acaba el minutero su “no” estepario en el cubrir de unos soles sin lunares, sin tiempos de descanso y sonidos de caracolas enredadas en tus rizos. Y al caer la noche se acabó el día, se cerró el vino que timbreaba tu puerta para abrir mi ventana.

Si finjo que no existes en un giro de tuerca sin movimiento para acabar fingiendo que no finjo que tus ondas son los timbales de mi ritmo.

Que no existe un pensamiento que no ronde el estanque en el que mis peces se ahogan y una rana se convierta en la dueña de esa charca.

Y los sapos que no llegan serán los príncipes que me extirparon tus escamas. Escurridizos tiburones con tu nombre.

El robo que nunca fue robo

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¿Quién me robó el mes de abril?¿Fue Sabina o fue la primavera? Lo guardaba, de la misma forma que guardaba enero en un sombrero dentro de un florero. Pero al ir a buscarlo nunca más lo encontré, se había acabado. Empújale a enero a ver si así llega abril sin aguas mil y me deja un montón de margaritas floreciendo en cualquier ventana que hay abierta.

Abril se fue, como se fue enero. No existen meses más fríos que los que están faltos de cariño, los que quedan en el medio vacíos. Sin dueño ni días. A mis meses se le caen los días, los segundos se detienen para no dejar pasar los minutos y las horas se solapan con el tictac de algún reloj invertido en el sentido contrario de la vida. Vivo para ser vivida, para que un día al despertar no me quede nada en la almohada y los sueños los haya vivido de día, porque de noche sólo se sueñan y sólo son eso, sueños.

¿Quién le empuja a enero para que llegue febrero? De entre los meses negros también emergen meses azules, cargados de fuego, de momentos y anhelos. Pero no hay nada más eterno que dejar pasar la vida, pasar con ella, pero mientras pasa no olvidar que le pones ese sello de “pagado” a la cuenta que pendiente no se queda. Que mis meses son de aire, si descienden por el puente, tienen cuerdas y precipicios, un montón de brazos alzados esperando a recogerte si te caes y otros muchos empujando cuando el paso se detiene.

Nos pueden robar el tiempo, los momentos, el aliento y cualquier mes del año. Pero mientras no te roben lo primario, lo terciario es secundario, lo que viene no se piensa y lo que se piensa está vivido. Que no te cuenten cuentos, que nadie te roba nada, lo damos prestado al tiempo, al recuerdo sostenido que se ancla en algún hueco del costado y mantiene los latidos de lo que un día marcó una sonrisa. Que los besos son sonrisas, y las lágrimas alegría, y no hay nada más bonito en esta vida que agradecer todo lo que te hizo crecer al caer.

¡Qué no!¡Qué no hay excusa que valga!¡Qué nadie te roba las ganas! Que las batallas que no ganas es porque las diste por perdidas, porque la victoria real la viviste como derrota y pensaste que vino alguien a robarte el mes de abril o el de enero o el próximo noviembre. ¡Pero no!¡Nadie te robó nada! Tú se lo cediste por falta de ganas o por exceso de equipaje, porque lo que había pesaba demasiado y con piedras nadie escala la montaña, esa cima queda lejos y el oxígeno es lo único que debes llevar en la mochila. Las excusas son barreras que justifican nuestra falta de valentía, nuestra falta de motivos para seguir adelante o frenar y dar media vuelta.

Mientras no te roben el aire, mientras no te roben la vida, mientras no te dejen sin agua, mientras tu mente piense y lo haga libre, mientras tu corazón lata fuerte y sienta bien, sólo mientras eso pase nadie te robará nada, ni abril ni enero, ni las letras del tintero.

Si eres libre, no habrá meses que se pierdan, ni borrascas que creen chubascos en tus inviernos.

Abril está a la vuelta de la esquina y Enero ya empezó pisando fuerte.

Disfruta y sé libre.