Ella

Anoche, ella lloraba,
anoche, yo la miraba,
su alma libre meditaba:
si morir en vida o vivir en muerte.
si los vivos son los muertos que deciden no morir
o los muertos son los vivos que deciden no vivir.

Anoche, ella impasible. Desconsolada.
Coaccionada por una soledad inapelable.
Sentía el juicio en su garganta,
la sentencia final del perjuicio,
la súplica por una paz sin guerra.

Anoche, las lágrimas le mordían el labio.
Anoche, las mías me hundían el estómago.
Intentaba, no decirle lo que era,
transmitirle lo que fuera.

La conciencia apelaba,
la impaciencia maltrataba.

Ella siente frágil,
pero lucha fuerte,
cree que muere, se mantiene.

Hoy, la miraba en el espejo,
era yo sin mí, era ella sin nadie.
Quería dejar de ser, para olvidar cuanto duele.
La vida duele,
el tiempo hiere,
el silencio muele.

Entre tanto, ella llora,
y yo la quiero.
Si se muere,
Si decide no quedarse,
¿Qué hago yo sin mi reflejo?

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