Ernesto

No lo había visto,
jamás un muerto se vio tan vivo,
jamás una carne sin sangre caliente latía más fuerte.

Era consciente su latido,
volador amenazante de libertades aplastadas.

Era certera la muerte,
cuando le vino a clavar la sentencia.

Era real que de pie siempre se acepta el destino,
de rodillas la piedad del que suplica.

No era un ruego su vida,
era justicia su apego a la misma.
Secuela mortal de una integridad distraída.
Facturada por quien calla la presencia desnutrida por el odio del que opone resistencia.

Era, un muerto desde el principio.
Sigue vivo desde el inicio.
Seguirá su comandancia dando vida a quien injustas las verdades las propaga oprimiendo,
al que se alza y no desiste,
al que  lucha y se resiste,
al que aprieta y sangra vivo.

Era un “Che” y un “Guevara”,
y su historia se canta por ser recordada.

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