Apocalíptica

Lágrimas dulces circundando un rostro, el perfil rocoso de una nariz afincada entre dos valles de manantiales.

Raíces de sentimientos que se alimentan del conflicto entre polos opuestos. Sonrisas tercermundistas empeñadas en dar pan a quien no tiene agua. A quien muere de insolencia y descalza los bostezos de un dolor amedrentado.

Fuimos ángeles apocalípticos en el miedo furtivo de no volver a vernos. En las casas vacías de mandatos.

Dijeron que no habría nada más, que la hora había llegado, que era tiempo de olvidar, de no andar quemando rastrojos de un temor condicional.

Dijeron que no era el momento, de llegar y conquistar. Que las banderas estaban rasgadas, y las tierras conquistadas.

En el adiós no cabe el futuro, y en el presente sólo existe un muro.

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