El hombre avaro

Abrir los brazos,
erguir el alma,
subir los pies,
acariciar el cielo,
y volar.

Volar por encima del subsuelo,
de un suburbio de palabras malvendidas,
de un estoico canal de vivos con vendas en los ojos,
de un pellizco irreal de cañones sin pólvora.
y al final la ventana más alta de la estructura,
desestructurada de quebrar sus vigas a la avaricia.

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