La vorágine de existir

Existe el ser sin saber de su existencia, amparado en la libiana sombra de la memoria, rezagada presa de una tormenta de multitudes turbulentas.

El ser de quien no sabe, ni piensa cual pensador su esencia. Sólo finge que vive y muta en el silencioso giro de un latido que asusta a quien lo nota.

Exhala el aire que no filtran sus resquicios, escombros de paredes que cayeron derrumbadas como muros de Berlín -separando dos verdades-, devorados por la vorágine de unas balas existenciales en un lugar imaginado. Ficticio al recuerdo de quién lo vivió.

Así son hoy,
papeles convertidos en cenizas, sobrevuelan la memoria,
sin ser parte de la historia,
esa que atrapa un instante y no vuelve nunca a existir.

Porque si existo no soy esencia de nada, y en muerte sobrevuelo la esencia de lo que seré.

-Aire-
Que cae lento, y firme, y suave aterciopelado.
Recogiendo en esencia lo que se oscurece en existencia.

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2 comentarios en “La vorágine de existir

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