Reclamos del presente

Ya no me quedan ganas ni de quemar tu recuerdo, he agotado los movimientos que rechazan tu presencia, sentenciado cada espiral que retrocede siempre al pasado.

Ha pasado un silencio por mi memoria, vacío de caricias y lunares.
Desierto de miradas destinadas a ser pares.
Un silencio fugaz y eterno que ha pesado sobre la herida sin dejar ni siquiera un leve murmullo de ese miedo a no ser tuya.
Ha sido un quejido tenue sobre un mapa desubicado, desgastado por un dedo que ha espiado cada lugar oculto en nuestra ruta, esa que marcamos con los besos y subimos a empujones hasta el filo de los sueños.

Han volado mis insignias y mis barcos naufragado, ya no quedan firmes en tierra polizones que nos quieran. Baja el bote y tira el ancla, yo me bajo de este barco, voy buscando islas desiertas donde dejar marca sobre una arena fina a base de señales de humo que me llamen.

Nadaré si hace falta, no hay ola que hunda mi pecho ni marea que no me lleve a un desierto. Nadaré hasta sin aliento, hasta donde nadie me diga que ya no hay nada más mar adentro.

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