Casas vacías…

Tiempo,
a destiempo que escogimos,
para excavar un túnel de espasmos,
en momentos no queridos,
no pulimos lo que no matamos.

Tiempo,
que aceleró los ritmos,
truncó las pausas,
quemó las esperas,
poco prolongadas.

Era un tiempo de espera,
transitorio al fugitivo,
que sin pensar se escapaba de una mente liberada,
que sin soñar se desquitaba de un corazón asfixiado,
monocromático y herido, sin tiritas ni algodones.

Tiempo,
de que ellos dieran los mordiscos,
de que el cuerpo recibiera el eco de un soneto vacío,
de que las golondrinas se posaran sobre aquel balcón.

Tiempo,
transitorio de recuerdos, turbulentos que recuerdan,
ronco en el grito de una ausencia que no muerdan.

Tiempo que se resguardó en tus esquinas,
fingió morir por ella sin espinas,
surcar sus mares sin banderas,
cavar trincheras sin soldados en ellas.

Tiempo a destiempo que no llegas,
tiempo a su tiempo que malgastas,
las palabras son de otro y no del propio,
la rutina del que pisa y no se frena,
la verdad del que acaricia y no lamenta.

Tiempo, que te vas y vienes,
regresa.

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