Pasa, pisa y pisada.

Qué pasa si se acaban los días que mutan el tiempo de un susurro lento, fruto de una asfixia de oro con escamas de piel de serpiente y se rotan los astros que no flotan perennes.

Cuando un día se muerde el pez la cola del presentimiento más tramado y menos demostrado. Arcas de mimbre que guardan tus ojos debajo de la arena que se rompe contra el suelo de un reflejo perdido.

Cosas que dijimos para parecer menos muertos, un poco más sabios y oblicuos a la memoria. Al carrete de recuerdos más velado del destino, al que no celebramos ni con pan ni vino.

Ingenuo es el ateo más agnostico de mis suspiros por un trozo de opio y una calada de paciencia para no caer en el tropiezo de morir sudando tu tinta y amando tu cuerpo.

Derrite el pie que confundido pisa en la baldosa hueca y cae al vacío sin plomo ni pluma, sin paja en el ojo y con diente de plata porque el oro se quedó bailando en alguna de las mecidas que sobrevolaban tus hombros.

Madre que has sido mimo, ni consuelo ni amparo recibes cayendo tu única carta a un buzón sin cartero.

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3 comentarios en “Pasa, pisa y pisada.

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