– CAPÍTULO VIII –

Decidí que era hora de levantarse tras una larga noche de insomnio. El sueño golpeó mi cerebro sólo por unas cuantas horas, a las cuatro de la mañana pude ver a lo lejos como se marcaban las horas desde el reloj que Malena me había dejado encima de la cómoda blanca para torturarme en esas noches largas y eternas. Esas noches en las que te repites mil veces, voy a pensar en blanco, a relajarme y a volver a dormir. Pero el sueño nunca llega. Siempre se hace de rogar.

A las 7 decidí que ya había dado suficientes vueltas en la cama, pensado bastantes fantasías sexuales con y sin Liber entre mis sábanas, posibles reencuentros forzados y hasta alguna que otra sorpresa malograda que no daría sus frutos. Terminé por levantarme, tomé el camino más directo hacía la ducha y bajé rápido a la calle. Necesitaba respirar aire puro, tomar un café en alguna terraza y olvidarme de que existían las responsabilidades.

Dudé durante dos segundos, al instante pasé por “Minúscula” y puse un cartel enorme –CERRADO POR DEFUNCIÓN-, de mi alma, tendría que haber matizado. Pero no era necesario dar tantas explicaciones. Me fui a una cafetería que quedaba un poco aislada del centro pero desde la que podías ver a la gente pasar mientras caminaban y conversaban sobre la vida. Me tomé dos cafés y leí el periódico exhaustivamente. Entre tanto me di cuenta de que no había comprendido nada de lo que había leído porque llevaba dos horas pensando que tal vez ir a España no sería tan mala idea, ¿por qué irme a la India?. En el fondo me apetecía ver a mis amigos de toda la vida, recorrer un poco aquellos sitios que me hacían sentir bien. Pasear por Madrid, por los jardines del Palacio de Oriente. Justo cuando cae la noche y ya no quedan turistas abarrotando los alrededores. Tapear en las tabernas del Barrio Salamanca y ver algún que otro famoso que se intentaba hacer el desconocido. No sé, tenía suficiente tiempo para meditar a dónde ir. Pero por las ansias que me estaban entrando creo que necesitaba un chute españolísimo de humor, amigos, familia y un poco de aquello que no quería recordar. Mi vida de antes de llegar a Buenos Aires.

Me sentía muy agobiado esa mañana. En realidad no existía un porqué exacto porque nadie me estaba obligando a nada. Era yo el único que se estaba retando a moverse de Buenos Aires por un tiempo, unas vacaciones cortitas. Sería como mudar la piel, las serpientes lo hacen y les debe de sentar muy bien porque siguen vivitas y coleando durante mucho más tiempo.

Sólo tenía que gestionar el cargo de Minúscula. Tal vez Daniela le pudiera echar una mano a Mateo con el libre-café y yo me iría tranquilo sabiendo que además mis dos pupilos enamorados estaban dando rienda suelta a su amor y prodigándose miradas furtivas sin que tuviesen que ser furtivas. Además disponían del piso para ellos solos, de mi magnifica terraza para grandes noches de amor romántico y de lecturas embelesadoras. Un sinfín de alternativas encontrarían, de eso estaba seguro.

Esperé a que dieran las tres hasta que llegase Martín. Un rato más tarde llegaría Daniela y les contaría mi plan. Todo parecía ir sobre ruedas, pero lo más importante estaba por decidir. No tenía claro a donde me iba a ir de escapada. Mi vida era un caos, yo en sí era un desastre sin arreglo posible.

Mientras esperaba a Mateo fui abriendo Minúscula para quedarme dentro en el silencio de mis libros rezagado. Recostado en la tranquilidad de los sitios que permanecen callados más tiempo del que es incluso reglamentario. Y vi llegar a Mateo, al mismo tiempo que sonó el teléfono. Dudamos de si responder uno u otro, pero finalmente le di el testigo a Mateo y sin ni siquiera darle tiempo a decir hola, contestó:

–       Buenas tardes. Libre-Café Minúscula, dígame.

–       Hola Mateo, soy Roberto, el amigo de Martín. ¿Estaría por casualidad él? Es que llevo todo el día llamándole a casa pero no hay manera.

–       Hola Roberto, ¿Qué tal todo?… –respondió Mateo con un tono comprometido.

–       Bien, bien… me podrías pasar con Martín por favor, es urgente. –Roberto parecía ansioso por darme la noticia que haría temblar mis piernas.

–       Sí, un momentito Roberto, ya se lo paso. –y me pasó el teléfono cómo quien pasa la pistola de una ruleta rusa, presagiando que algo no tan bueno venía detrás.

Hubo unos segundos de silencio y finalmente me puse al teléfono:

–       Dime Roberto, ¿Qué pasa compañero? ¿Cómo va la vida nocturna por Madrid?… ¡Seguro que no paras, cómo si te estuviera viendo! –yo y mi manía de no parar de hablar ni dejar explicarse a la gente.

–       Martín, Madrid está bien, la gente está bien. Las calles están llenas. No te llamo por mí. –un escalofrío me recorrió el cuerpo.

–       ¿Qué pasa? –y supe lo que vendría detrás. La escuché respirar en mi nuca, ese frío de cuando te comunican que alguien cercano ha muerto.

–       Es Germán, ayer le dieron los resultados de la última revisión. El cáncer no ha remitido. Le han dado tres meses como mucho y él ha decido pasarlos en casa, con su gente, incluso ha pensado en viajar un mes a Buenos Aires. –Roberto me estaba dando la respuesta a mi duda de toda la mañana. No me quedaba otra alternativa. Y yo deseaba ver a Germán, éramos amigos desde niños, no podía abandonarlo en este momento de su vida. En su último momento. Mi destino no sería otro que España.

–       Roberto, escucha. En cuanto pueda tomaré el primer vuelo a España, te aviso por email con los datos del vuelo y la hora para que vayas a recogerme al aeropuerto. ¿Te parece? –se lo dije con tanta seguridad que era imposible negarse.

–       Perfecto, te veo pronto. Un abrazo amigo, ¡qué pena que los reencuentros sean en ocasiones por cosas así! –su voz mustia me decía que la cosa iba enserio porque Roberto era el tio más optimista que yo había conocido jamás.

Cuando colgué el teléfono. Me vi muchos años atrás jugando con ellos en el parque del pueblo. Liándola como si no hubiese mañana. Germán, Roberto y yo, éramos los tres mosqueteros. Siempre juntos, siempre a una. Y desafortunadamente el destino nos estaba jugando una mala pasada queriendo llevarse al mejor de nuestros espadachines.

Daniela llegó una hora más tarde y por mi cara creo que pudo presagiar que mi proyecto de la noche anterior no era tan alegre como el que se me venía encima. Les propuse el plan en breve tiempo. Le conté a Mateo que Germán había empeorado. Daniela se ofreció a ayudar con lo que hiciera falta, justo estaba de vacaciones en la Universidad. Yo les dije a los dos que les pagaría un extra por la ayuda, que podría ser un mes o incluso más y que si necesitaban buscar a alguien más que lo hicieran que ponía toda mi confianza en ellos. Por supuesto, que ellos no lo pensaron ni un solo segundo. Juntos se hicieron cargo de Minúscula.

El 25 de Marzo de 2013 llegué a Madrid – Barajas, con un clima de final de verano en Argentina y comienzo de la primavera en España. Mi gran amigo Roberto estaba esperándome en la puerta de llegadas. Con los ojos vidriosos y un abrazo que bien podía parecer una despedida por el sentimiento con el que me lo dio.

Al pisar suelo español, y tocar abrazo de hermano sentí como se me hundió media vida en aquella loza del suelo del aeropuerto. Me derrumbé y lloré abrazado a mi amigo. Lo hice como si hubiese vuelto a mis quince años y me hubiesen roto el corazón en mil pedazos. Roberto lloró conmigo, me levantó del suelo y me dijo:

–       ¡Venga amigo, hay que ser fuerte! ¡Vamos a ver a Germán! Está deseando verte.

Yo ni siquiera pude contestarle. El nudo de la garganta me oprimía las cuerdas vocales. No dejaba tiempo al sonido, pero yo sabía que mi amigo era consciente de la pena y el agradecimiento que yo estaba viviendo en ese momento. Allí fue donde volvimos al volver, en un aeropuerto de otra España diferente. Allí, Germán ausente, Roberto y yo volvimos a envainar nuestras espadas para librar nuestra última batalla juntos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s